Invernal ficticio

Adiós otoño:

dibujadas las hojas

sobre la escarcha.

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H.A.A.A.C.

-¡Nunca voy a estar tan pendejo que no me acuerde de lo que hice ayer!- exclamaba el anciano; y en realidad sólo olvidó una cosa: el día anterior lo habían abandonado en Hogar para el Adulto Alzheimer A.C.

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Los dioses deben estar pachecos

De una avioneta tiraron la coca; así comenzó el viaje.

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Hambre

Ya sólo me resta comer mi desesperación.

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Pero todo seguía ahí

Entonces acometió la lluvia, como si se hubiera juntado por mucho tiempo para caer toda junta, en una sola ofensiva fulminante.

En julio salí a las calles y a la ciudad, pero todo seguía ahí.

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El aquelarre del siglo

¿Gran cabra?… ¡gran cabrón! Nos dejó abandonados y sin el mentado pacto; ahora sí comprendíamos por qué Inferno Corp. está al borde de la quiebra. Yo mejor firmo con un productor de Hollywood.

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Acechador

Andas en ropas gastadas,

con las ideas rezagadas,

viendo mujeres con alas

y a las hermosas zagalas.

 

En sus caderas perdido,

si ufanas te miran ellas

provocan fieras querellas

entre tú y sus maridos.

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Espanto

Apenas abandoné mi cuerpo volví envuelto en el más terrible espanto.

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Eternamente vagabundo (o fantasma)

El aire se arremolina en torno a una vaga figura que posa a la luz de una ventana y murmura algo sobre el pasado. Contempla al niño, al joven, al adulto y al anciano, adentro; mientras los ve añora aún la poca vitalidad del último, pues él ya es polvo y hojarasca, una forma ambigua en el viento.

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Bar Roma

Cupido era homosexual, una loca asumida, declarada y pública que vestía únicamente unas alitas de cartón; era, además, proxeneta de muchos hombres, mujeres y bestias.

La verdad es que no me sorprendió su asesinato –aunque siempre había pensado que lo haría una cabra sodomizada-. Ahora dicen los rumores que fue Júpiter, que toda su fama de macho y mujeriego es, en realidad, una tapadera para su homosexualismo de clóset.

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